Tras una tensa espera en Río Gallegos debido a las inclemencias climáticas, la semana pasada, la séptima delegación de excombatientes correntinos finalmente aterrizó en suelo malvinero este lunes, iniciando una travesía que trasciende lo logístico para convertirse en un acto de estricta justicia espiritual.
Para estos 20 hombres, el regreso a las islas a 44 años del conflicto no es un viaje de nostalgia, sino una necesidad vital de reparación. Volver a pisar la turba, recorrer las posiciones de defensa y reencontrarse con el paisaje que marcó sus vidas para siempre es, para muchos, la verdadera forma de volver a casa íntegros.
La Provincia de Corrientes se ha consolidado como pionera en el país al financiar y organizar estos viajes de «sanación» para sus veteranos.
La agenda del contingente estuvo cargada de simbolismo y respeto por la historia compartida.
El regreso de esta delegación no es un hecho aislado, sino el resultado de una política de Estado sostenida.
El Gobierno provincial, a través del Ministerio de Seguridad y los centros de veteranos, asume el costo total de la travesía, permitiendo que soldados de todas las localidades -desde la Capital hasta los parajes más distantes- tengan las mismas oportunidades de regresar. Esta visión federal reconoce que la causa Malvinas atraviesa cada rincón del suelo correntino.
El aporte estatal no se limita a lo económico; es un reconocimiento moral. Al facilitar estos viajes, el Gobierno de Corrientes valida el sacrificio de sus hijos y comprende que la posguerra también es territorio de combate. El acompañamiento de periodistas para registrar la experiencia y la supervisión de coordinadores que también son veteranos, garantiza que el viaje cumpla su fin último: la salud emocional y espiritual de quienes lo dieron todo por la Patria.
Como bien lo resume el testimonio de los protagonistas en las islas, este apoyo oficial es el puente necesario para que el «sostén invisible» de las familias se materialice en un reconocimiento institucional definitivo. Corrientes no solo recuerda a sus héroes en las efemérides; los acompaña a sanar en el mismo suelo donde comenzó su leyenda.
Los pasos de los veteranos en el viaje sanador
Los pasos de los veteranos en el archipiélago siguen un camino trazado por la emoción:
Cementerio de Darwin: Fue la primera parada obligatoria tras el arribo. Entre las cruces blancas, los exsoldados rindieron honores a sus camaradas caídos, realizando el duelo que el fragor del combate les impidió hace décadas.
Monte Harriet: Un punto clave de la memoria. Allí, veteranos como Fidel Gómez pudieron recorrer las antiguas trincheras, transformando el recuerdo del estruendo y el frío en un silencio sanador.
Memorial de Fitz Roy: El itinerario contempló una visita a este monumento para recordar a quienes perdieron la vida en uno de los episodios más crudos del conflicto.
Recorrido por posiciones: Durante el resto de la semana, la delegación visitó distintas localidades y zonas de combate donde cada uno, de forma personal, buscará cerrar su propio círculo con el pasado.

