Se terminó la travesía de Martín A T. El joven de 23 años, cuya peligrosidad puso en vilo a la ciudad de Santo Tomé y obligó a un despliegue de fuerzas policiales y de seguridad naval, fue finalmente trasladado este lunes a la provincia de Misiones. Bajo un hermetismo absoluto y una fuerte custodia el presunto sicario dejó suelo correntino para responder por una acusación que estremece: un intento de femicidio con una saña pocas veces vista.
El operativo de entrega a la División Homicidios de la Policía de Misiones fue el último capítulo de una persecución que duró veinte días. Tomé ya está en Puerto Iguazú, la misma ciudad que intentó dejar atrás tras dejar a una mujer al borde de la muerte.
Una cacería en la frontera
La historia que reconstruyeron los investigadores misioneros habla de un ataque brutal. Hace casi tres semanas, en una zona rural cercana a las Cataratas, el sospechoso habría emboscado a su víctima. No le bastó con dispararle dos veces; según las fuentes judiciales, intentó degollarla. Que la mujer haya sobrevivido es, para los médicos, casi un milagro. Para la Justicia, fue la clave: ella pudo hablar, identificarlo y ponerle nombre a su verdugo.
Sabiéndose cercado, el joven inició una fuga desesperada. Cruzó a Santo Tomé buscando el amparo de sus redes familiares. Jugó al límite: cruzó al Brasil para enfriar la pista y volvió a reingresar a Corrientes, instalándose en el barrio Tablada. Allí, aplicó manuales de supervivencia delictiva: no dormía dos noches en el mismo lugar. Rotaba entre casillas y búnkeres de allegados, convencido de que el anonimato de la periferia santotomeña lo mantendría a salvo.
El «Sábado de Gloria» y el fin de la impunidad
Pero el rastro no se enfrió. El trabajo de inteligencia criminal decantó en el Operativo “Sábado de Gloria”. En una madrugada de tensión, el grupo GEOP de la Policía de Corrientes, junto a la Prefectura Naval, ejecutaron seis allanamientos simultáneos. Fue un «barrido» total de la zona.
Cuando los efectivos irrumpieron en la vivienda donde se ocultaba esa noche, Martín intentó su última jugada. Saltó por una ventana, buscó el muro del patio, pero la respuesta fue inmediata. Un disparo de posta de goma en la zona de las costillas lo devolvió a la realidad. Cayó, fue reducido y esposado.

El retorno para rendir cuentas
Atrás quedaron sus días de prófugo. En el traslado hacia Misiones se vio a un sujeto custodiado de cerca, consciente de que su margen de maniobra se agotó. Ahora, frente a los estrados de su provincia natal, deberá enfrentar una carátula pesada: homicidio en grado de tentativa.
En Santo Tomé, la calma regresó tras el megaoperativo, pero queda el eco de un procedimiento que demostró que, cuando la justicia coordina sus piezas, las fronteras no alcanzan para ocultar a los más buscados.

