Tras detectarse uno de los índices de alcohol en sangre más altos a nivel nacional, la Provincia triplicará los operativos en las rutas 12 y 14. Las autoridades advierten sobre el factor cultural y la falsa sensación de seguridad de los conductores.
20-CONTRATAPA-5Juan Manuel Saloj, subsecretario de Seguridad Vial de la Provincia de Corrientes y presidente del Consejo Federal de Seguridad Vial, encabezó una ronda de prensa donde habló acerca de la problemática del alcoholismo al volante en las rutas.
A continuación, el desarrollo de la charla.
Corrientes ha ocupado titulares recientemente por registrar uno de los índices de alcohol en sangre más altos del país. ¿Cómo analizan este fenómeno desde el área de control?
-Es así, lamentablemente tuvimos el índice más alto de alcoholemia detectado hasta ahora. Lo que nosotros planteamos es que estamos ante una «pandemia silenciosa» en todo el país. Si no abordamos este problema de manera conjunta entre todas las instituciones, es muy difícil pararla. En ese caso puntual, el Estado funcionó: detectamos al conductor a tiempo y evitamos lo que seguramente hubiera sido un siniestro vial con consecuencias graves.
En esos operativos, ¿cuál es la actitud del conductor? ¿Siguen apareciendo excusas para intentar evadir la responsabilidad?
-Siempre aparecen. En este caso récord, el hombre argumentaba que solo había ingerido un vaso de fernet la noche anterior. Sin embargo, cuando realizamos la medición con la gente de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, con quienes trabajamos en conjunto, la realidad técnica fue otra. Hay una desconexión entre lo que el conductor percibe y el riesgo real que representa.
FACTORES
Teniendo en cuenta que muchos conductores ya conocen la ubicación de los puestos camineros, ¿cómo están trabajando para que el control sea efectivo y no previsible?
-Esa es la clave. Sabemos que la gente conoce los puestos fijos y que en el Interior existen muchos caminos alternativos para evitarlos. Por eso, nuestra metodología cambió: decidimos triplicar y cuadruplicar los controles móviles. Estamos enfocando los mayores esfuerzos en la ruta 14 y 12, que es donde estadísticamente registramos la mayor cantidad de siniestros. La planificación es dinámica para que el control sea una presencia constante y no un punto estático en el mapa.
¿Considera que el trasfondo de esta situación es una falta de educación vial o es algo más profundo, vinculado a la conducta social?
-Yo creo que es un problema cultural basado en la creencia de que «a nosotros no nos va a pasar». Siempre recuerdo una anécdota de Sandro, quien decía que fumaba mucho porque creía que su éxito lo iba a salvar de un cáncer de pulmón. La ciudadanía sufre de ese mismo sesgo: creemos que podemos contestar un Whatsapp o hablar por teléfono mientras manejamos porque «cada tanto levantamos la mirada». Pero es en ese segundo en el que bajamos la vista donde ocurren las tragedias.
Ante este panorama, ¿la sociedad está receptiva al cambio o hay resistencia a los controles?
-La gente entiende. A medida que ponemos el tema sobre la mesa, empiezan a plantearse que nadie está exento, que el riesgo vial nos iguala a todos. Por eso, no nos quedamos solo en la multa. Estamos trabajando en una formación integral que abarca desde el Jardín de Infantes, el Nivel Primario y Secundario, hasta el Nivel Universitario mediante un convenio con la Universidad Nacional del Nordeste (Unne). Es una cuestión de tiempo para que la conciencia sobre el riesgo se entronice en nuestra cultura.

