Fátima Lucía no es solo una voz, es un espejo. Se define a sí misma, con una honestidad punzante, como alguien «demasiado niña para ser adulta y demasiado adulta para ser niña». Esa dualidad es el motor de su proyecto musical, una propuesta disruptiva que utiliza la ironía y el sarcasmo para masticar las realidades más crudas de la contemporaneidad.
Acompañada por Pablo Barrios (guitarra), «Anto» Laschera (segunda voz), Marina Giménez (bajo) y Marlise Lovato (percusión), Fátima ha logrado consolidar un sonido propio nacido del «pulmón» y la autogestión.
EL LLAMADO
Aunque su vínculo con el arte nació en el Jardín de Infantes, cuando le pedía a una vecina que escribiera las letras que ella aún no sabía plasmar en papel, el verdadero estallido creativo llegó tras su primera gran crisis existencial en la adultez.
«Sentí el llamado de la música y respondí. Fue necesario porque antes no le veía sentido al círculo vicioso de trabajar para conseguir dinero y gastarlo. En la música encontré un propósito», confesó la artista.
Ese propósito se traduce en canciones que funcionan como «manuales de supervivencia» para su generación. Temas como la precarización laboral, la exigencia impuesta por los cánones de belleza y las injusticias locales de Corrientes son abordados no desde la solemnidad, sino desde el humor. «Uso mucho la ironía porque el humor me ayuda a sobrellevar cosas muy duras», explicó.
AL ESCENARIO
Para Fátima, la creación es un proceso visceral. Sus letras suelen nacer de una detonación emocional: bronca, tristeza o alguna injusticia cotidiana. «Hago el tema y me parece un ‘hitazo’; al otro día pienso que es una porquería. Ahí es donde el apoyo de mis músicos es vital, ellos me ayudan a ver el valor de la idea y le dan otra cara con los arreglos».
A pesar de sus miedos iniciales, el pánico a la exposición y al juicio por hacer canción de protesta, la recepción del público ha sido su mejor escudo. «Pensé que me iban a tirar con todo, pero jamás pasó. Encontré una comunidad. En esta era de individualismo, conectar con otros es algo hermoso».
ESTÉTICA Y
FUTURO
Nada en su propuesta es azaroso. Su identidad visual, marcada por el maquillaje artístico y el vestuario coordinado, es parte del mensaje. «Quiero causar un impacto visual. Que por curiosidad me escuchen, y de paso, si no les gusta, con el maquillaje no me reconocen en la calle para castigarme», bromea con su característico ingenio.
Sus referentes son claros: la combatividad de Residente, el ingenio de El Cuarteto de Nos y la picardía regional de El Trío Laurel. Con esas influencias, Fátima Lucía sueña con un futuro donde la música sea su trabajo principal: «No me interesa ser millonaria, pero sí poder vivir de lo que amo».
PROYECTOS
Y ESENCIA
El camino de la artista no se detiene y ya tiene fechas marcadas en el calendario para su reencuentro con el público.
El 1 de febrero, Fátima lanzó su nuevo single titulado: Está potente, el cual está disponible en todas las plataformas digitales como Spotify y Youtube.
Además, el 27 de febrero a las 21.30, llevará su energía al escenario del Espacio Mariño (Santa Fe 847) en el marco del Festival Nueva Ola, donde compartirá fecha con las bandas Boca Morada y La Iglesia de los Santos Suicidas.
La propuesta de Fátima se sostiene sobre pilares fundamentales que definen su identidad sonora y humana. Su mayor fortaleza, o «superpoder», radica en una capacidad innata para conectar con el espectador desde la vulnerabilidad y la risa, logrando que el público se vea reflejado en sus historias.
Ella describe su paisaje musical como una transición entre lo turbio y el arcoíris: una invitación a mirar la realidad de frente, con sus asperezas, pero con la firme convicción de no quedarse en el pozo.
Su meta es clara: que el arte funcione como una herramienta de transformación social y que sus canciones sean, para quien las necesite, un refugio donde la vida adulta se vuelva más liviana.
El universo creativo de una artista disruptiva
Para la artista, el maquillaje artístico y el vestuario no son meros adornos. Es una estrategia de impacto visual diseñada junto a colegas y amigos para generar curiosidad.
«Todo lo estético acompaña lo que decimos musicalmente», afirmó.
Esta identidad visual le permite transitar esa dualidad que la define: la vulnerabilidad de quien muestra sus canciones más personales y la seguridad de quien pisa el escenario con un concepto claro.
En un mundo que ella describe como un «círculo vicioso» de trabajo y consumo, Fátima apuesta a la música como una salida colectiva.
Su objetivo es simple pero ambicioso: transformar la desigualdad en arte y lograr que la música sea su sustento diario, manteniendo siempre la bandera de la transformación social.
Su lírica nace de observar el sentimiento colectivo en redes sociales. Al notar que su generación compartía los mismos malestares decidió llevar esos temas al escenario, llenando un vacío que ella percibía en la escena local de Corrientes.
Quienes deseen conocer endetalle su propuesta pueden bsucarla en internet como Fàtima Lucía.
«Yo nunca había encarado un proyecto musical, siempre hice música porque estudié muchos años. Encima con mi nombre y con mis composiciones, entonces estaba como un poco con pánico, pero me ayudó un montón poder trabajar con otros músicos. Es complicado por ahí hacer música de protesta en realidad», sostuvo esta artista a la que le sobra futuro.

