a reciente adjudicación de los tubos para el nuevo gasoducto de 480 kilómetros que conectará Vaca Muerta con el mercado exportador no es sólo una operación comercial de gran envergadura; es, ante todo, un mensaje político con remitente en la Casa Rosada. La derrota de Tenaris (Techint) frente a la firma india Welspun marca un punto de inflexión en la relación del Gobierno de Javier Milei con los grandes capitanes de la industria nacional, estableciendo una nueva «vuelta de tuerca» contra los esquemas de privilegios que históricamente rigieron en las licitaciones públicas y privadas del sector.
EL FIN DE LA EXCLUSIVIDAD
El proceso licitatorio, comandado por el consorcio Southern Energy -integrado por pesos pesados como PAE, Pampa Energía, YPF, la noruega Golar y la inglesa Harbour Energy-, concluyó el pasado 23 de diciembre con una sorpresa que rompió el statu quo. Mientras que Tenaris, el histórico proveedor local con planta en Valentín Alsina, presentó una oferta que superaba los 290 millones de dólares, la firma india Welspun cotizó el mismo trabajo en 203 millones de dólares.
La diferencia del 40 por ciento resultó técnica y financieramente insalvable. A pesar de que la empresa de los Rocca intentó una rebaja de último momento del 5 por ciento, la brecha seguía siendo un abismo de ineficiencia de costos para el proyecto.
El impacto simbólico

Si bien para una compañía que factura 38.000 millones de dólares anuales este contrato no pone en riesgo su estabilidad financiera, el golpe es simbólico. Para Paolo Rocca, que ha hecho de la defensa de la industria nacional una suerte de apostolado, verse relegado en su propio territorio por una empresa asiática, bajo una gestión que supo ver con buenos ojos al inicio, representa un cambio de época.
La era de la «prioridad nacional» por decreto parece haber cedido ante la lógica de la competitividad extrema, un escenario donde el Gobierno de Milei se siente cómodo y el cual pretende usar como estandarte para las futuras inversiones que demanda la infraestructura energética del país.
«Don Chatarrín»

Milei defendió la apertura de importaciones y apuntó contra quienes critican la decisión, insinuando que las objeciones responden a intereses personales. «Si ves ‘periodistas’, ‘economistas’ y políticos hablándote de la industria del acero y los prejuicios que causa la apertura, ya sabés quien le llena el sobre…», disparó. Luego apuntó contra Paolo Rocca al cuestionar a quienes salen «en defensa de Don Chatarrín de los tubitos Caros…»; la referencia es al CEO de Techint.
Sin «intereses amigos»
Para el Gobierno nacional, este desenlace no es un dato menor. Desde el entorno presidencial aseguran que esta es la materialización de la doctrina Milei: la competencia real por sobre el «capitalismo de amigos». Al no intervenir para favorecer a Techint, el Ejecutivo envía una señal nítida a los mercados internacionales: los intereses americanos, chinos o indios jugarán en «pie de igualdad» con los locales.
Fuera de término

El rigor del proceso, avalado por la transparencia que busca proyectar la nueva gestión, quedó demostrado en la firmeza de Southern Energy ante los intentos de Techint por reingresar a la puja:
23 de diciembre: el directorio adjudica por unanimidad a Welspun. La moción de YPF para reconsiderar a Tenaris fue rechazada por el resto de los socios, argumentando que la empresa ya había tenido su oportunidad.
24 de diciembre: en plena Nochebuena, Tenaris presenta una oferta fuera de plazo, ya con el proceso finalizado.
30 de diciembre: se le comunica oficialmente a la empresa de Rocca que su nueva propuesta sigue siendo casi un 25% más cara (unos 50 millones de dólares de diferencia).
6 de enero de 2026: con el contrato ya firmado con los indios, Techint ofrece igualar el precio de la competencia. La respuesta de Southern Energy fue tajante: aceptar esto sería violar la integridad del proceso y la igualdad de posibilidades.

