Por Fernando González
Macri apuesta a la economía y Cristina se aferra a Maldonado
Martes, 21 de Noviembre de 2017
Hace 41 días que desapareció Santiago Maldonado. Faltan 41 días para las elecciones de octubre.
Esos son los 2 hechos que obsesionan a la Argentina, el país dramático por excelencia. Y aunque el Gobierno y la oposición debieran estrechar fuerzas para encontrar al joven lo antes posible, los senderos se bifurcan para unos y para otros.
Mauricio Macri intentará que sea la expectativa económica la que decida el resultado electoral. Y Cristina Kirchner ya ha apostado todo su esfuerzo a que la falta de resolución del caso Maldonado complique lo suficiente al Frente Cambiemos como para hacerle perder el impulso ganador que cosechó en las Paso del 13 de agosto. Una fecha que quedó muy lejana.
Es que los roles se han invertido.
Antes de las Paso era el Gobierno el que buscaba que la economía pasara desapercibida. La inflación todavía era demasiado alta. El repunte del empleo lucía insignificante. Y el consumo era casi una quimera para muchos de los habitantes de los sectores medios y bajos.
La bandera electoral de Cambiemos terminó siendo la apuesta al futuro. Sus buenos resultados electorales en Capital, en Córdoba, en Mendoza. Sus triunfos inesperados en La Pampa, San Luis o Neuquén. Y sus derrotas mínimas en Buenos Aires y en Santa Fe fueron el resultado exitoso de una tarea de convencimiento sobre una sociedad agobiada.
El mapa electoral provisorio de agosto transmitió una idea que al oficialismo le funcionó perfecto: lo mejor, en términos económicos, estaba por venir.
A los estrategas de la Casa Rosada les quedó claro que en los 2 meses siguientes debían mantener esa sensación para el 22 de octubre.
Es interesante analizar los números de las primeras encuestas con vistas a la elección legislativa.
Varios de los sondeos mencionados en diferentes artículos de Clarín muestran que el Frente Cambiemos podría ampliar su ventaja sobre la oposición en una decena de provincias importantes. Y que podría vencer al kirchnerismo en el emblemático territorio bonaerense.
Está claro que son estudios que reflejan la sensación triunfalista y provisoria de las primeras semanas posteriores a las Paso.
El medidor de "humor social" del Grupo de Opinión Pública, uno de los que consultan algunos funcionarios del Gobierno, señala que todos los índices de percepción económica mejoraron notoriamente en agosto.
La expectativa inflacionaria bajó varios puntos. Los mismos ciudadanos que pensaban mayoritariamente que les iba a ir peor el año próximo ahora creen que les va a ir mejor. Y un cambio idéntico se registra en la decisión de consumo (que creció un 8 por ciento) y en la capacidad de ahorro, que estiman un poco más holgada.
Son estadísticas que hablan de una sensación personal positiva y que van en línea con el repunte de las cifras macroeconómicas clásicas: la suba del crecimiento, la baja del índice de precios y la mejora del empleo en la construcción y en algunos sectores industriales.
Por eso es que el discurso de Macri, de sus ministros, de María Eugenia Vidal y de los candidatos a lo largo del país se mantiene constantemente dentro del corralito económico. Hablan de obra pública y de emprendimiento. De créditos hipotecarios y de préstamos para el consumo. Allí van, tratando de prolongar como sea la nube optimista que les dejó el primer examen electoral.
Pero la medición del GOP, como muchos de los otros sondeos, también señala una advertencia.
El 90 por ciento de los encuestados conoce perfectamente las instancias de la desaparición de Maldonado y casi un 60 por ciento opina que el Estado no ha hecho lo suficiente para poder encontrarlo.
Ese reclamo va para el lado del Gobierno y Cristina lo ha registrado de inmediato. Toda su estrategia de campaña va en la dirección de mostrar a Macri como un presidente despreocupado por los derechos humanos y lo suficientemente capaz de planificar la desaparición de una persona en plena democracia.
Parece excesivo pero el temor del kirchnerismo a perder influencia política lo ha llevado a aferrarse sin traumas del caso Maldonado.
Con ese objetivo no sólo ha alineado a sus dirigentes políticos y a sus candidatos. Los jueces y fiscales que militan en sus filas trabajan con el mismo objetivo.
Operan sobre organizaciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional o la ONG amiga del Centro de Estudios Legales y Sociales para promover en el país y fronteras afuera que el Gobierno actual mantiene un sesgo ideológico y político afín al de la dictadura militar. Y son tan eficaces en la tarea que algunos incautos terminan subidos a ese tren demencial.
Sólo el resultado de la elección de octubre dirá quién pudo más a la hora de convencer a los argentinos. Si Macri logra repetir a su favor el voto a futuro que comenzó a consolidarse en las Paso. O si Cristina consigue quebrar esa tendencia en la Provincia poniendo en crisis la credibilidad política del Gobierno con la deuda del caso Maldonado.
 Nada sería más saludable para el rumbo del país adolescente que Santiago apareciera. Y que pudiera disfrutar entre los suyos de los placeres simples de la vida. Tan lejanos a las urgencias de quienes se obsesionan con la aventura breve del poder.
 
Publicado en Clarín.com
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