DOMINGO 2 DURANTE EL AO -CICLO B- EVANGELIO DE SAN JUAN 1, 35-42

La Argentina construyó su acervo con esencias, principalmente, de la fe religiosa de su pueblo


Me refiero a la fe, como adhesión al Evangelio predicado por los misioneros que acompañaron a intrépidos colonos, arribados de España, Italia, Francia, Alemania, Irlanda, etcétera. El Evangelio, garante formal del compromiso de sus principales dirigentes, establece un vínculo inocultable con el culto sacramental de la Iglesia Católica.

Por Domingo Salvador Castagna*
Arzobispo emérito de Corrientes, Ciudadano Ilustre de la provincia 
 
1.  El Profeta de Cristo.   
¡Qué fuerte ha sido el testimonio del Bautista frente a la mirada sorprendida de sus discípulos para que, dos de ellos resolvieran, sin la menor vacilación, abandonarlo e ir en pos de Jesús! 
Es entonces cuando actúa el Espíritu Santo, que logra persuadir a aquellos hombres, hasta el extremo de comprometer sus vidas en seguimiento del joven y aún desconocido Maestro. 
La fidelidad a la verdad, que distingue al Precursor, otorga particular vigor a su misión de identificar al Mesías anunciado por los Profetas. Juan, como luego los Apóstoles y ministros de la Iglesia, sólo tendrá que ceder a Dios el comando de su vida. 
Señalar a Jesús como "el Cordero de Dios" es principal responsabilidad de los profetas del Nuevo Testamento. 
Los Obispos, presbíteros y diáconos constituyen esos irreemplazable "profetas". Cuando se les niega o impide el ejercicio de ese rol, el mundo pierde la única oportunidad de conocer y acceder a su Salvador.
2. ¿Dónde vives?   
Andrés y el otro discípulo, se acercan abiertamente a Jesús. La reacción del Maestro, ante aquellos hombres, marca el comienzo de una inquebrantable amistad: "Él se dio la vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: ¿Qué quieren? Ellos les respondieron: Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives? 'Vengan y lo verán' les dijo" (Juan 1, 38). 
Para quedarse con el Señor, es preciso aceptar la invitación a conocer la intimidad de su alojamiento entre los hombres. El mundo, al contrario de aquellos discípulos, rechaza ese cordial ofrecimiento porque les falta el paso previo: interesarse por la persona de Jesús. Sin la intermediación de precursores, como Juan, el pueblo no será alcanzado por la Buena Nueva y, obviamente, no despertará su interés por conocer a Cristo y, mucho menos, por quedarse con Él.
3. La fe y la cultura argentina.   
Nos hallamos en un momento muy desafiante de la historia de la humanidad. No es prudente dramatizar excesivamente los acontecimientos negativos de la actualidad pero, tampoco negarlos. 
El Mensaje evangélico, y la misma Iglesia, ha atravesado, en sus más de dos mil años de existencia, circunstancias históricas tan o más desalentadoras que las actuales.  
No es el pasado -ni el futuro- motivo de nuestros desvelos, sino el presente. 
El desafío, que es preciso aceptar con urgencia, está aquí y presenta, ante nuestra mirada consternada, rostros y discursos, que frecuentemente contradicen los valores filosóficos y religiosos de la propia cultura. 
La Argentina ha reconocido, desde sus orígenes, que su acervo cultural se ha construido con esencias provenientes, principalmente, de la fe religiosa de su pueblo. Me refiero a la fe, como adhesión al Evangelio predicado por los misioneros que acompañaron a intrépidos colonos, arribados de España, Italia, Francia, Alemania, Irlanda, etcétera. El Evangelio, garante formal del compromiso de sus principales dirigentes, establece un vínculo inocultable con el culto sacramental de la Iglesia Católica.
4. Hemos encontrado al Mesías.   
A causa de la información de Andrés a su hermano Simón Pedro, deducimos que aquel encuentro y convivencia constituyó la prueba -para aquellos seguidores del Bautista- de la mesianidad de Jesús: "(Andrés) Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: 'Hemos encontrado al Mesías', que traducido significa Cristo" (Juan 1, 41). De inmediato, Andrés se convierte en testigo y difusor de la identidad del Señor. 
Para cumplir la grave misión evangelizadora, que nos corresponde como cristianos, urge el encuentro íntimo con Jesús, que no deja de invitarnos a pasar la jornada de nuestra vida con Él. Lo logramos mediante una renovación -o iniciación- de la fe religiosa que hemos profesado, el día de nuestro propio Bautismo, representados por nuestros padres y padrinos.
       * Homilía del domingo 
                       17 de enero.

 

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