Por Daro lvarez Klar

Educación en pandemia: protocolos, ambigüedades y paradojas


El 2020 nos sorprendió con una de las peores pandemias globales que podamos imaginar. Un hecho para el que nadie estaba preparado, en el que se pusieron en práctica procesos y se tomaron decisiones que debieron reorientarse, acorde a las circunstancias y a los resultados.
En cuanto a la escolaridad virtual, hay alumnos que pudieron favorecerse desde sus hogares. Sin embargo, no deja de ser para el sistema y sus actores un desconcierto que pone en evidencia consecuencias emocionales, condicionamientos en los aprendizajes y estrategias, falta de contención, aumento de casos de violencia intrafamiliar (hay estudios de Unicef al respecto). En síntesis, no se suspendieron las clases pero se afectó seriamente el vínculo.
La educación es un hecho social que construye ciudadanía y por ende su "hacer" debe fundarse en procesos que combinen lo individual y colectivo, generando experiencias en los diferentes estadíos y aportando herramientas académicas, sociales, culturales, metacognitivas, tecnológicas y emocionales. Propender a esto es un deber y un derecho al que lamentablemente no todos acceden de igual manera, ya que no cuentan con las mismas posibilidades. De esta forma se puede observar la brecha producida por las distintas realidades económicas, geográficas o familiares.
Las escuelas son un lugar seguro, ya que están supervisadas en términos pedagógicos, de salud, infraestructura y relación contractual con sus equipos de trabajo. Sería más factible disponer de toda la estructura con la que cuentan los ministerios a orientar y supervisar a través de las escuelas como responsables de la trazabilidad de una comunidad, en lugar de priorizar acciones individuales. A su vez, la enorme estructura de los ministerios, especialmente el de Educación, se dispone a "mal supervisar", dado que desde que se anunció el regreso en la provincia de Buenos Aires se perdieron 3 semanas cambiando el formato de plantilla en que había que presentar el pedido, ajustando el protocolo establecido en julio por el Consejo Federal de Educación. Se realizaron cambios por provincia o región, interponiéndose diversos actores con opiniones que desvían el rumbo cuando las normas deben cumplirse y no interpretarse.
Decidir que todos los actores hagan lo mismo en condiciones tan diversas, es pensar en un sistema educativo y social casi "fordista", equiparando la educación a una cinta de montaje. Es difícil entender por qué el regreso tiene que ser igualitario y no equitativo, es decir que cada uno decida en función de sus realidades.
Somos un país federal, sin embargo, las medidas fueron decisiones centralizadas y por ende muchas quedaron descontextualizadas. Es preciso crear un marco y dejar hacer a los municipios y a instituciones de gestión privada que disponen de recursos humanos y materiales para garantizar los protocolos por sí mismos. De este modo, los esfuerzos de las autoridades se podrían enfocar en quienes no lo pueden realizar.
El Estado ha podido acompañar económica o financieramente a colegios de gestión privada y algunas instituciones no pudieron enfrentar sus obligaciones, lo cual las llevó al cierre. ¿Qué pasará con el derecho a la educación de esos niños y jóvenes, con sus vacantes que el Estado no puede brindarles porque hay aulas sobrepobladas o con los puestos laborales cuando no se vuelve a la escuela por seguridad, siendo que si lo es?
Es un momento de urgencias y de situaciones inesperadas, ¿por qué no trabajamos a partir de datos y realidades en lugar de opiniones?
¿Qué haremos en 5 años, cuando analicemos los datos de la deserción escolar post pandemia o de las experiencias educativas que han estado ausentes y condicionan el desarrollo de nuevos aprendizajes? ¿Y cuando entendamos que las afecciones emocionales y físicas que descubramos a consecuencia de este año se hubieran podido amortiguar? No olvidemos que detrás de estos datos hay nombres, historias, familias, una ciudadanía que nos corresponde a todos preservar y al Estado velar por sus derechos.
El autor es director ejecutivo 
de la Asociación Civil HUB 
Educación e Innovación, 
y fundador de la red educativa Itínere.
 

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