Por Centro de Estudios y de Investigaciones Histricas Juan Domingo Pern (*)

Un día de homenaje a la militancia


"Yo vine al país para unir y no para fomentar la desunión entre los argentinos. Yo vine al país para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar los lazos de la dependencia. Nuestro Movimiento… es indudablemente de base socialista. ¿Por qué? Porque pivotea sobre la justicia social, que es la base de toda nuestra promoción revolucionaria".
Juan Domingo Perón.

El 17 de noviembre, el peronismo celebra el Día del Militante evocando aquel 17 de noviembre de 1972 en que, tras 18 años de obligado exilio el general Perón retornó a la Patria para reencontrarse con su pueblo y en particular, con la única clase social que le había sido leal desde los tiempos de la Resistencia a la tristemente célebre «revolución libertadora» (septiembre de 1955): la clase trabajadora, a la cual se sumarían a partir del año 1968 amplios sectores de la siempre vacilante clase media, otrora funcional a las políticas proscriptivas y represivas del régimen de alternancia de dictaduras militares y de gobiernos pseudo constitucionales.
El reencuentro no fue posible, el 17 de noviembre de 1972, la dictadura militar que tiempo antes a través del dictador Lanusse desafió al general Perón con el exabrupto: «no retorna al país porque no le da el cuero», cercó con un vallado de más de 35.000 efectivos militares el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. De esa forma, la camarilla militar gobernante impedía por segunda vez el reencuentro del general Perón con su pueblo. La primera tentativa frustrada había ocurrido en abril de 1964, cuando el operativo «Pro Retorno» se frustró en El Galeao, gracias a los buenos oficios de la dictadura brasileña de Castello Branco, siempre funcional a las directivas del Departamento de Estado norteamericano. Más tarde, el 20 de junio de 1973, la intolerancia y el nihilismo político –haciendo oído sordo a los reclamos de unidad nacional para emprender la cruzada de la reconstrucción y de la liberación- impedía por tercera vez que más de dos millones de almas (la más grande concentración de masas que registra la historia política de América Latina) se reencontraran con Perón tras los 17 años de obligado exilio. Tenía 79 años y retornaba a la Patria para brindar su último tributo por la causa de la patria justa, libre y soberana, a la cual consagró la mayor parte de su vida terrenal.
No tendría sentido evocar el Día del Militante, sin señalar que aquel retorno del general Perón a la Patria el 17 de noviembre, no fue la obra de una sola generación o la resultante de la concesión graciosa de los personeros de las clases dominantes, sino el colofón del protagonismo popular de un proceso que duró 17 años de lucha. Fueron militantes –forjados en la ideología y en la mística peronista- los que hicieron posible la heroica Resistencia a la dictadura de Aramburu-Rojas. Fueron militantes los que constituyeron en la clandestinidad la CGT «Auténtica» para enfrentar a la CGT «negra» del capitán Patrón Laplacete. Fueron militantes los militares y civiles fusilados el 9 y el 10 de junio de 1956 por el infame delito de pretender restablecer el imperio de la Constitución y las banderas históricas del peronismo. Fueron militantes los jóvenes peronistas que hacia los 60 ensayaron la primera resistencia juvenil a la entente oligarco-imperialista, y los miles de trabajadores nucleados en la CGT que hacia el año 1964, movilizaron el país y tomaron 11.000 establecimientos fabriles tras la consigna del retorno del general Perón a la Patria. En ese momento histórico nace el Luche y vuelve. Fueron militantes, los dirigentes obreros que, en 1957, 1962 y 1968 (aprobaron los programas de La Falda, Huerta Grande y del 1º de Mayo) los que, entre otros objetivos, exigían el cese de la interdicción política que pesaba sobre el general Perón, el fin de la proscripción de la masa peronista y por fin, el restablecimiento de la democracia sustentada en la Constitución Nacional y en el voto legitimante de las mayorías populares. Fueron militantes los miles de jóvenes que, a partir del año 1968, se sumaron desde la pequeña y desde la mediana burguesía al Peronismo, para arrancar a la dictadura militar una salida democrática, sin los vicios de los condicionamientos espurios impuestos por la dictadura cívico-militar de Lanusse y compañía, en función de perpetuar con trapisondas electorales los privilegios de clase de la oligarquía y la dependencia del imperialismo. Son los tiempos del mentado Gran Acuerdo Nacional, de la cláusula proscriptiva del 25 de agosto de 1972, y de la imposición del ballotage, violando la Constitución Nacional.
Fueron esos militantes, forjados en la ideología revolucionaria del peronismo y en una praxis inspirada en un sano idealismo que no reclamaban a cambio prebendas ni privilegios, los que hicieron posible el retorno del General a la Patria el 17 de noviembre de 1972, y más tarde, el restablecimiento de la democracia popular en mayo de 1973. Fueron ellos también los que, a partir de marzo de 1976 sufrieron el escarnio infamante y cruel de la dura represión del terrorismo de Estado, a lo cual se sumaría el deliberado vaciamiento cultural e ideológico del peronismo, mediante el consabido recurso del ocultamiento cuando no de la grosera deformación de los hechos históricos que habían forjado la conciencia nacional, revolucionaria y comprometida de nuestro pueblo.
Sería imposible citar el nombre de toda la militancia que contribuyó al retorno del general Perón a la Patria, pero sería imperdonable no citar a aquellos que se convirtieron en referentes paradigmáticos de varias generaciones que hicieron del idealismo y de la praxis militante un culto digno de ser emulado. Para Felipe Vallese –el primer secuestrado desaparecido de la historia-, para Sebastián Borro, para Gustavo y Alberto Rearte, para Envar El Kadri, para Eduardo Rulli, para Jorge Di Pascuale, para Isauro Arancibia, para Atilio Santillán y Benito Romano, para Amado Olmos y Andrés Framini y para todos los que fueron parte de esa heroica militancia, vaya nuestro homenaje y nuestro eterno reconocimiento.
La conmemoración del Día del Militante es oportuna, no para convertirlo en el recordatorio frío de una fecha más del calendario peronista, sino para que ella se traduzca en un acto de profunda autocrítica y de fe militante, frente al vaciamiento ideológico y programático de que ha sido objeto el peronismo y en particular el Partido Justicialista a partir de los 90 con el giro ideológico neoliberal de Carlos Menem, haciendo excepción del protagonismo que supo imprimirle Néstor Kirchner hacia el 2003.
Hoy más que nunca debemos tener presente que la opción del Peronismo es clara y terminante, o nos convertimos en una variante más del sistema demoliberal-capitalista, en la alternancia formal y edulcorada y sin futuro para el pueblo, o asumimos el rol revolucionario que nos asignó la historia, aquella de la cual fueron protagonistas y por la cual brindaron sus vidas en patriótico holocausto aquellas generaciones que hicieron posible el 17 de octubre de 1945 y el 17 de noviembre de 1972.
A no olvidar, el 17 de noviembre de 1972 fue el día que retornó a la Patria el general Perón gracias a la lucha militante de varias generaciones, no para preservar las estructuras del privilegio y de la dependencia, sino para llevar adelante un proceso de reconstrucción, de liberación nacional y de justicia social. Su último mensaje del 12 de junio de 1974 («Vine al país para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia») y su Modelo argentino para el proyecto nacional, constituyen el faro cuya luz debe orientar la institucionalización revolucionaria del peronismo, su reencuentro con la participación popular, con la mística militante de Evita, con la memoria de los que dieron su vida por la Patria liberada, y por fin, con el ideal inconcluso de la Patria justa, libre y soberana.

(*) Norberto S. Soto, abogado laboralista, miembro titular de la FAES, Ex Asesor de la CGT-Delegación Corrientes, actual asesor de organizaciones sindicales.
Héctor Castillo, ex secretario general de la Asociación Bancaria-Ctes.  
Ramon A. Salazar Peleato, abogado, ex juez en lo Penal.
Ramón Aguedo Gómez, abogado laboralista, ex director del Departamento Provincial de Trabajo, ex director de El Diario de Corrientes y ex director del IOSAP.
Daniel A. Bordón, abogado, docente universitario (UNNE).                             
Juan M. Roldan, abogado.
Carlos Cassarino, docente, historiador.
Germán Wiens, ex magistrado del Ministerio Público Fiscal de la Nación.


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