Editorial del diario La Nacin

La fuerza de la ley o la ley de la fuerza


Un presupuesto elemental de la convivencia civilizada es el cumplimiento de las leyes que rigen para todos, mucho más para quienes deberían dar el ejemplo por tener niveles de responsabilidad y autoridad dentro de la sociedad.
Por todo esto, han resultado muy preocupantes las reiteradas demostraciones de desprecio al sistema y a las instituciones a las que asistimos, tanto por parte de autoridades gubernamentales como sindicales.
El clan Moyano acumula varias causas en la Justicia, con expedientes en trámite por la presunción de lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, evasión impositiva, medicamentos adulterados, desvío de fondos de la obra social de Camioneros y asociación ilícita que alcanzan a sus integrantes y a las empresas familiares.
En los últimos días, el líder del gremio camionero, Hugo Moyano visitó a Alberto Fernández en la Casa Rosada para hablar del acto previsto por el 17 de octubre. El vínculo entre el presidente de la Nación y Hugo Moyano, emblema de una metodología con frecuencia afín a la violencia y la extorsión, ya había quedado registrado semanas atrás en una fotografía tomada en la quinta de Olivos, donde el gremialista estuvo acompañado por su esposa y su hijo menor, Jerónimo. En otro alarde de improcedente bravuconada, esa imagen fue precisamente difundida por Pablo Moyano, con la finalidad explícita de mostrar el lugar de cercanía que ocupa en el espacio de poder nacional. El encuentro fue ciertamente celebratorio tras el alivio judicial que trajera la suspensión de su indagatoria por parte del Juzgado de Garantías Nº 9 de Avellaneda.
Tras meses de buscar entorpecer la causa, con falsas denuncias y difamación contra periodistas y medios junto con acusaciones a los funcionarios judiciales actuantes por presunto espionaje ilegal y persecución de su cliente, el abogado del clan Moyano, Daniel Llermanos se sirvió de sus contactos con sectores marginales de los servicios de inteligencia para garantizar impunidad a su cliente e infiltró un abogado y espía para prevaricar en la defensa de un arrepentido, también en su beneficio.
La causa penal avanza hacia la sentencia pese a las inadmisibles actitudes de la defensa, ejercida por el citado abogado, también investigado por conductas vinculadas a estas denuncias. En la causa en cuestión, cargada de contundentes e irrefutables pruebas, se investigan defraudaciones millonarias, extorsiones, coacciones, amenazas e intimidaciones en asociación con integrantes de la barra brava y directivos del Club Atlético Independiente, una institución señera del fútbol argentino.
El imputado Pablo Moyano, seguramente asesorado por su defensor, rechazó tanto la declaración presencial como a distancia, insistiendo hasta el cansancio con chicanas y planteos infundados, mofándose groseramente de los órganos judiciales y de una ciudadanía que espera trato igualitario para todos.
Con tono prepotente y amenazante en el marco de los prolegómenos de una de las audiencias frustradas, se jactó incluso de su "imperio" en otra burda burla. Las maniobras dilatorias de la defensa han logrado ya demorar el trámite más de seis meses, planteando incluso que los plazos están vencidos, cuando es ella misma la responsable de su prolongación. Se avanza ahora irremediablemente hacia la etapa del juicio. Nadie debe quedar exceptuado del peso de la Justicia; menos aún puede alguien pretender bloquear su avance. Quienes, según el criterio preliminar de la Justicia, habrían integrado con Pablo Moyano una asociación ilícita tienen sus causas ya elevadas a juicio, sin que pueda entenderse cómo esta persona continúa aún fuera de la ley en el marco de un entramado mafioso de complicidades y favores.
Es tal la desvergüenza y el sentido de impunidad con el que se mueven que ni siquiera pretenden disimular o esconder el peso de sus contactos políticos y judiciales. Desde un presidente que puede elogiar al patriarca gremial como ejemplo de dirigente hasta una foto con aire de familia que da cuenta de su cercanía, ciertamente no ahorran esfuerzos, presionando a magistrados para entorpecer la causa, logrando sostener durante meses a sus aliados judiciales y frenando el avance de los procesos por mal desempeño, todo ello mientras la defensa intentaba apartar a los fiscales que no se dejaban doblegar.
Confirmado el fiscal interviniente por la Cámara, validada la legitimación del proceso, ratificada la vigencia de la investigación y rechazados todos los argumentos dilatorios, Pablo Moyano será llevado a juicio oral por sus flagrantes inconductas.
Atento al derrotero de los hechos hasta aquí, ¿conseguirá el Poder Judicial actuar con autonomía y fallar según principios de igualdad ante la ley, o los pactos de impunidad lograrán doblegarlo? Están en juego el sistema republicano, las instituciones y la paz social.
Está claro que estamos ante un caso testigo, una oportunidad clave para reafirmar ante la sociedad la integridad e independencia que debe prevalecer a la hora de impartir justicia. Ceder ante indebidas presiones solo nos conducirá hacia un sistema que peligrosamente desprecie la ley de los hombres y las sociedades civilizadas, sustituyéndolas por las de la selva y los salvajes, en un retroceso de siglos. Bien cabe recordar que la fuerza es el derecho de las bestias.

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