Teletrabajo, antes y después de la pandemia


El capitalismo como sistema de producción y de relaciones sociales se organizó a lo largo de su historia en torno al intercambio mercantil y el trabajo. En su desarrollo las modalidades de organización del trabajo han sido diferentes, por lo tanto, diversas han sido las exigencias a los trabajadores en términos de conocimientos y calificaciones para realizarlo. 
El trabajo podía realizarse en grandes espacios aplicando el uso de maquinarias y en un contexto reglamentado a cambio de un salario recibido por los trabajadores -organización fabriles o empresas-, o bien, en contextos domiciliarios con el desarrollo de actividades o tareas vinculadas por lo general a un oficio.  
La realización de trabajos en los domicilios no es específicamente una novedad considerando las actividades realizadas mediante oficios como la costura, fabricación de zapatos, artesanías de diversas especialidades que los trabajadores ejercen en sus pequeños talleres, instalados en la vivienda familiar para producir lo que requieran sus patrones. 
Ahora bien, ¿qué particularidades distinguen al trabajo en los domicilios y particularmente al teletrabajo en nuestras sociedades? 
Desde el último cuarto del Siglo XX, asistimos a una intensificación del uso de la tecnología en los procesos de producción y de organización trabajo que diluyó fronteras territoriales, productivas y, por ende, desdibujó ámbitos de organización de la vida. 
A partir de las últimas dos décadas, el desarrollo de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) han profundizado e intensificado un proceso de tecnologización expansiva de la sociedad.
Diversas actividades se dinamizaron con estas transformaciones -la compraventa de productos y servicios, servicios educativos, sanitarios, atención al cliente, entre otros- y, de esta manera, reorganizaron el trabajo y sus actividades adoptando un esquema flexible que no requiera de la presencia de los trabajadores en el espacio físico de las organizaciones. Aunque siguen existiendo organizaciones y empresas que disponen del uso de TIC con una organización del trabajo más estática y conservadora que demandan la presencia de los trabajadores en sus sedes.
En este contexto, la irrupción del Covid-19 aceleró estos cambios en el mundo del trabajo, afectando a los distintos ámbitos y actores que se estructuran en base a este. 
A partir de medidas paliativas como el aislamiento social preventivo y obligatorio (Aspo) y el distanciamiento social preventivo y obligatorio (Dispo), se configuran nuevos esquemas de organización del trabajo y, por lo tanto, nuevos escenarios laborales en las organizaciones. 
Numerosos estudios sostienen que en nuestro país, las organizaciones que pudieron dar respuesta a la situación instrumentaron como principal estrategia el uso de recursos digitales entre los cuales el esquema de teletrabajo ha predominado sobre otros, sin embargo, su instrumentación ha tenido un impacto diferencial en función de regiones, actividades, objetos y posibilidades de acceso a servicios digitales, al mismo tiempo que exhibió las debilidades en materia de recursos y potencialidades para la instrumentación de procesos digitales que faciliten la transición hacia el teletrabajo. 
Por otro lado, este esquema afectó sustancialmente las condiciones de trabajo y determinó nuevas y mayores exigencias psicofísicas para los trabajadores en la realización de sus actividades generando una carga que afecta sustancialmente su salud. En particular, sufren esta sobrecarga las mujeres que, tradicionalmente, toman las responsabilidades de cuidado de niños, ancianos y enfermos, además de las tareas domésticas.
Este contexto, propone un doble desafío a las estrategias organizacionales en la región, por un lado, contemplar las particularidades vinculadas a la disponibilidad de recursos tecnológicos, potencialidad de su instrumentación y desarrollo de procesos de formación de sus trabajadores para tal fin; por otro, establecer, incorporar y aplicar regulaciones en la gestión del trabajo que resguarden adecuadas condiciones laborales y prioricen la salud de sus trabajadores. 
En este sentido están actuando varios sindicatos de actividades que han sido impactadas por esta realidad, por ejemplo los docentes de todos los niveles educativos, reclamando mejores condiciones de trabajo, derecho a la desconexión, provisión de equipos informáticos y conexión a internet, entre otras demandas.
Una primera respuesta se ha obtenido en agosto con la promulgación de la Ley Nº 27.555 Régimen Legal del Contrato de Teletrabajo que establece, entre otros puntos: la desconexión de plataformas y software fuera de la jornada laboral pactada, derecho a la desconexión, horarios compatibles para las personas que realizan tareas de cuidado, el suministro de equipamiento, herramientas de trabajo, compensación de gastos de conectividad, capacitación que no implique mayor carga de trabajo y derecho a la intimidad. Se trata de las bases sobre las cuales se debería discutir en paritarias los aspectos específicos para cada actividad. 
Ana Pratesi y Santiago Castillo
Grupo de investigación Trabajo, 
sociedad y subjetividad.
Facultad de Ciencias Económicas.
Universidad Nacional del Nordeste.
 

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