MEDICAMENTOS

Sí a la producción estatal


Por José Miguel Bonet (*)

SITUACIÓN ACTUAL
obre este panorama tétrico debemos agregar la explosiva situación generada con el aumento en el precio de los medicamentos y el desabastecimiento reinante, consecuencia de la especulación de quienes monopolizan la distribución de los mismos. Durante la década del 90, el número de unidades de medicamentos vendidos por año en nuestro país descendió un 15 por ciento (de 470 a 400 millones de unidades). Sin embargo, la facturación se elevó un 80 por ciento (de 2.100 millones a mas de 3.800 millones) porque se introdujeron marcas más caras, porque se comercializaron envases más pequeños y porque aumentó el consumo de medicamentos de venta libre. Las medidas tomadas por el Gobierno (canasta de medicamentos, compra centralizada con financiamiento internacional), no resuelven la situación de inaccesibilidad a los medicamentos para la mayoría de la población. El Estado debe desarrollar los instrumentos necesarios para poder controlar la producción de medicamentos. Proponemos incrementar paulatinamente la capacidad instalada y realizar los convenios necesarios a fin de aumentar la producción de genéricos que actualmente alcanza al 8 por ciento del mercado. Esto es factible, ya que la mayoría de las patentes de los medicamentos esenciales que recomienda la OMS para el uso racional de los mismos, ya caducó.
Por supuesto que estamos a favor que se prescriban medicamentos por su nombre genérico y en este sentido la medida impulsada por el Ministerio instaló un tema de crucial importancia en el campo de la salud, como es el acceso al medicamento por parte de quien lo necesita. Y es probable que se reduzcan costos, sobre todo el relacionado con el gasto de bolsillo. Y no es poco.
Sin embargo, creer que el acceso al medicamento se solucionará por medio de mecanismos de mercado nos parece una ingenuidad o seguir insistiendo con un modelo absolutamente agotado.
¿Por qué afirmamos ello?
En primer lugar hay que Considerar que la relación que se establece entre el paciente y el médico es, en términos de economía de la salud, una relación de agencia donde se destaca la asimetría de la información, ya que quien padece la patología es el paciente pero quien tiene la información es el profesional y lo que el mismo prescriba no puede ser rebatido por el paciente.
En segundo lugar, ahora el sitio donde se adquiere el medicamento, la farmacia, se transforma en clave ya que se le brinda la posibilidad de sustituir la marca sugerida. Nótese que en el mejor de los casos, la asimetría de la información sigue presente, en este caso a favor del farmacéutico. Sin embargo la situación es más peligrosa, ya que las farmacias tal cual las conocimos años atrás con el farmacéutico atendiendo al público, no existen más. Basta recorrer las sucursales de las grandes cadenas farmacéuticas para comprobar que son atendidas por empleados sin la formación necesaria para poder sustituir una receta.
En tercer lugar porque hay laboratorios que cambiaron los principios activos de los nombres comerciales o marcas con la confusión que ello acarrea. O sea, se mantiene el nombre de fantasía pero con distintas drogas. Sin la debida difusión, la consecuencia es que el profesional por su lealtad a la marca la sigue prescribiendo, pero los resultados obviamente no son los mismos, con el consiguiente daño al organismo de quien lo consumió.
En cuarto lugar, porque la inmensa mayoría de los ciudadanos no pueden acceder simplemente porque no pueden adquirirlos, sean estos caros o baratos. Son excluidos absolutos.
En quinto lugar, porque los laboratorios privados que producen medicamentos genéricos o copias están siendo comprados por la Industria Farmacéutica actualmente, con lo cual pasarían a manejar toda la producción.
LA SOLUCIÓN
Es imperioso resolver la accesibilidad de todos los ciudadanos al uso de medicamentos cuando los necesite.
Por ello insistimos que la Salud es un bien social, y por lo tanto el medicamento es un bien social.
Ello solamente será posible en el marco de un Estado de Inversión Social. Para ello deberemos contar con un Estado Presente, Activo, Promotor y Protector.
Es en ese contexto que proponemos la Producción Pública de Medicamentos Básicos Esenciales, con la inversión necesaria para garantizar la calidad, el equipamiento y la formación del recurso humano, a fin de resolver las necesidades de la población. De esta manera, el Subsistema Público de Salud podrá proveer en forma gratuita a todos aquellos pacientes que no tengan un seguro explícito de salud, los medicamentos para el tratamiento ambulatorio de la misma forma que lo hace en internación, produciéndolos a un costo bajo.
La Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de la UBA ha elaborado un documento proponiendo la producción estatal de Medicamentos Básicos Esenciales. En el mismo afirman:
"Si bien existe acuerdo por parte de la mayoría de las fuerzas políticas acerca que la producción farmacéutica en la Argentina tiene características monopólicas y cartelizadas, agravadas en la década del 90 y que alcanza características dramáticas al presente, difieren los enfoques para la formulación de propuestas para la solución de la creciente exclusión de la población respecto de los medicamentos básicos esenciales. Mas de la mitad de la población no tiene acceso a Medicamentos Básicos Esenciales (MBE) y, de no mediar un cambio radical, esta situación se profundizará conduciendo a un futuro incierto a las inmensas mayorías empobrecidas".
Existe coincidencia en afirmar que el gasto en medicamentos en la Argentina es absurdamente alto, 32 por ciento del gasto en salud, con un consumo exagerado de remedios sin acción probada y con un costo por unidad relativamente elevado en relación con otros países de América Latina y algunos desarrollados.
El consumo de medicamentos crece en el mundo a una tasa sostenida del 7 a 8 por ciento anual desde hace varios años, y se advierte que esto se produce con mayor rapidez en los países desarrollados.
América Latina redujo su participación en el consumo de medicamentos, concentrándose este consumo en los sectores de mayor poder adquisitivo, no correspondiéndose este hecho con las necesidades sanitarias sino con las posibilidades económicas. La Argentina integra el grupo de alto consumo, con una pequeña porción de la población con altísimos niveles de consumo, y una gran parte sin posibilidades de acceso a medicamentos esenciales. Antes de la devaluación, Argentina era el quinto país más caro del mundo en materia de medicamentos. Desde la devaluación los fármacos aumentaron, en promedio un 60 por ciento, llegando en algunos casos hasta un 350 por ciento. Respecto de los laboratorios privados, (tanto de capital de origen nacional y multinacional), en el mercado operan algo más de 280 laboratorios, pero sólo 25 se quedan con el 75 por ciento de las ventas. En el año 2000 la industria local se quedaba con el 54 por ciento de las ventas y las multinacionales con el 46 por ciento. El mercado de medicamentos en nuestro país está ubicado desde hace años entre la primer docena del ranking mundial. En términos relativos, el mercado nacional representó el 1.5 por ciento (1976), el 1.3 por ciento (1985) y el 1.4 por ciento (1996) de las ventas mundiales.
Las barreras de entrada, según el documento de la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos son las siguientes:
1-Las patentes, que otorga la facultad de mantener un monopolio y que en el caso de Argentina a partir del 2000 comienzan a ser reconocidas.
2-Altos costos de investigación y de promoción, que son determinantes tanto de la innovación como de la posibilidad de difundirla comercialmente. Esta es también una barrera de escala, que excluye a las firmas, que no pueden levantar los capitales suficientes para encarar el negocio, en todas sus fases, habiendo patentes.
3-Importancia de las marcas y lealtad, hacia las mismas por parte de los médicos, este hecho se manifiesta en la inercia de que aún vencida la patente los médicos siguen recetando medicamentos de marcas conocidas.
4-Escasa difusión de productos genéricos.
5-La Desinformación e incoordinación sobre la capacidad que tiene la República Argentina para producir medicamentos básicos esenciales, con control de calidad por parte de las Universidades Estatales.
(*) Médico cirujano, nacido en Corrientes y criado en Saladas y Mburucuyá. Ejerció la profesión en Buenos Aires y Madrid.
 

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