Por Alcides Godano

Recuerdo de Ana Delia Flores Durán

Pretendo simplemente recordar su paso entre nosotros, y algunas facetas de su personalidad.
Ana Delia fue  una correntina de pura cepa. En su juventud participó de los corsos, representando a Ará Berá, su comparsa. Por allí circulan todavía algunas fotos con su traje de india. Bellísima, le encantaba bailar…
Su sensibilidad social le llevó a estudiar Servicio Social, allí comenzó su compromiso y su militancia en favor de los que tienen más dificultades en la vida. En aquellos años de euforia política no estuvo ajena. En primeras nupcias contrajo matrimonio con Carlos Livieres Bank. De ese matrimonio nació Natalia Livieres.
Años después sobre las cenizas de los fracasos matrimoniales, construyó una pareja conmigo, de esa unión nació María Soledad Godano.
Sus compromisos y su militancia la llevaron, allá por 1988, a emprender el camino del exilio, primero en Brasil, y luego en Bélgica. Sufrió enormemente el desarraigo, le costó muchísimo adaptarse a una sociedad acogedora, pero muy distinta. Le pesaba ese clima frío, y esa lluvia que no para. Pero lo más duro quizás es convivir con la nostalgia de la vuelta, para recuperar aquellos recuerdos tan fuertes y lindos de esa infancia y adolescencia vividos en Corrientes.
Para poder estudiar, no tuvo problemas de trabajar de limpieza en casas particulares, mesera en los bares, o fabricar empanadas, sólo para solventar los estudios… y disfrutar a veces de unas cortas vacaciones.
Allí se recibió, con muchos méritos, de licenciada en Ciencias de la Educación en la prestigiosa Universidad de Lovaina.
Por fin pudo regresar, en 1998, al país,  y la obligación de volver a empezar. Sin duda, sus afectos nos  hicieron elegir Corrientes. Y desde ya fue un acierto, el cariño de la familia y de los amigos estaba intacto, fue y sigue siendo maravilloso.
Al poco tiempo, sufriste una pérdida muy querida, la tu hermano, Carlitos Flores Durán. ¡Quién no lo conocía a Carlitos! Y poco después la de tu madre.
Al final de su carrera profesional, en la Secretaría de la Mujer, en el Ministerio de Educación y como docente en la Escuela de Servicios Sociales, sobrevino esta terrible enfermedad, incurable, que la martirizó durante 12 años, provocándole  un dolor descomunal. Qué manera de pelear, qué manera de sufrir… Jamás se le escuchó una queja, o un reproche. Jamás dijo: ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Las más de 500 extracciones de sangre, otros tantos pinchazos, en todo el cuerpo, las angustias, cada semana, de los resultados de los estudios, las incertidumbres de los tratamientos, fueron una espada de Damocles difícil de llevar.
Hasta hoy, que su cuerpo dijo basta, no estaba enojada, no estaba triste, estuvo  conversando, hasta minutos antes, con sus amigas, enojándose con Macri, por la ley de la despenalización del aborto, como un día más… Tantos proyectos que todavía acariciaba. Siempre fue consciente de su enfermedad incurable, pero nunca lo manifestó ni lo utilizó.
Querida Ani, esto no es una biografía, es el recuerdo de un corazón hecho pedazos que sufre tu ausencia, y que no sabe qué hacer sin ti.
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