La consecuencia de creerse ombligo del mundo, especialmente los porteños

Mientras Satanás sigue su trabajo inclaudicable en el mundo para alejar a los seres humanos de su Creador y Salvador, como todas las religiones serias de una u otra manera lo proclaman desde siglos, en la Argentina y especialmente en Buenos Aires, y muy especialmente los periodistas en sus medios de alcance nacional, se convierten en idiotas útiles de sus fechorías.
Los Pastores argentinos son prudentes y diplomáticos al decir las cosas en respeto a la misión que el fundador de la Iglesia les confió, mientras que también estamos los bautizados laicos para decirlas con respeto, porque es nuestra obligación por ser miembros de la comunidad de creyentes.
Escucho a los conductores de canales de noticias de la Capital Federal, que además de bombardearnos a los argentinos con la inculturización yanqui, porque se derriten por hablar inglés metiendo en cualquier ocasión palabras inglesas ¡con qué necesidad!, ya que el parecer eso les hace sentir inteligentes y mejores que todos los demás, se largan con sandeces, ya en preguntas o lo que es peor, en afirmaciones que nadan sobre la ignorancia de la Fe, de la eclesiología, de la religión. Galopan sobre la carencia de identidad queriendo por demás copiar a otros países y destruyendo la identidad nacional.
Sólo queda orar al Señor de la Historia y decir como Él lo dijo en la Cruz donde lo mataron, ya que esas conductas de esos comunicadores sociales y quien sabe quién más detrás de ellos, no hacen más que volver a escupir el rostro de Jesús, flagelarlo y crucificarlo. Por eso decimos con misericordia: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Así lo hacen con todo aquello que les permita atacar a la Iglesia y si es con el Papa argentino, ¡guaaauuu, mejor, se relamen de satisfacción! Aunque le llaman "periodismo independiente". Y no es un ataque a la Prensa ¡No!, es una reflexión sobre algunos que trabajan en Prensa o mejor, algunas empresas periodísticas.
Como dijo el arzobispo emérito, Ciudadano Ilustre de Corrientes, Domingo Salvador Castagna, en su homilía del domingo y que publicó EL LIBERTADOR en la edición del lunes: "Quien sostiene el error como verdad, hasta ser regido por él, se constituye en el peor agresor y el mayor agredido. La soberbia, no obstante, inspira una cierta victimización de los verdaderos culpables, trasladando toda la responsabilidad a quienes piensan y se comportan de otra manera" y advierte más adelante con la más simple psicología: "Ese impresionante desorden es signo externo del desorden interior del hombre, caído de rodillas ante sus propios ídolos".
Sí que vale como decía mi mamá saladeña cuando se enojaba conmigo: "¡Ooohh! ¿Opaitema con este mi hijo!". Acá bien cabe: "¡Ooohh! ¡Opaitema con estos hermanos periodistas, chamigo, eh!".
 
  Eduardo Hernández
Comunicador social cristiano

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