PADRE ROBERTO CARLOS PINI

"Esto va más allá de la religión"

El sacerdote está a cargo de la parroquia Nuestra Señora de Itatí, donde funciona un refugio que alberga mayoritariamente a pacientes oncológicos del Interior y a sus acompañantes, que llegan para ser atendidos en el hospital Vidal.  

Por Hugo García
 EL LIBERTADOR

Pocos templos de la ciudad honran el rol social de la Iglesia como lo hace la parroquia Nuestra Señora de Itatí, del barrio San Martín, que tiene como cura párroco a Roberto Carlos Pini. Además de ser un espacio para la fe de los católicos de la zona, el lugar se transformó en un hogar para decenas de personas que, sin distinción de religiones, diariamente son alojadas en el refugio que se encuentra en el predio. Y como si lo anterior fuese poco, allí se estableció un comedor que de lunes a viernes brinda desayuno, almuerzo y merienda a unos 200 vecinos del barrio y, recientemente, se empezó a ofrecer asistencia sanitaria, gracias a la colaboración de profesionales de la salud.
El refugio tiene la particularidad de que sus huéspedes son mayoritariamente pacientes oncológicos de bajos recursos, oriundos del Interior provincial, que llegan a Corrientes junto a acompañantes para tratarse en el hospital Vidal. También, en menor medida, el edificio que se encuentra detrás de la iglesia alberga a acompañantes de madres y niños que permanecen internados en el hospital materno neonatal Eloísa Torrent de Vidal. 
El padre Pini recibió a EL LIBERTADOR para una entrevista en la que contó la transformación que experimentó la parroquia, ubicada en la intersección de Teniente Ibáñez y Blas Parera, a partir de que se profundizó su rol asistencial. También expuso los desafíos que afronta diariamente para poder ayudar a quienes más lo necesitan y lamentó la falta de compromiso y colaboración de muchas personas.  
-¿Cómo surgió el refugio que está junto a la capilla?
-En sus orígenes, fue para gente en situación de calle, solamente en invierno. Progresivamente empezaron a acercarse personas que estaban en el hospital Vidal, porque cuando todavía no daban comida ahí, el comedor de acá les daba desayuno y almuerzo. Algunos venían con una constancia, y a ellos, que no tenían recursos, y estaban con algún familiar internado, se les daba la comida.
De a poco, se fue alojando a las personas del Interior que vienen a acompañar a familiares que están en el hospital neonatal. Ellos no tienen recursos, ni dónde parar, porque si alquilan una piecita se quedan sin la plata para comer. La mayoría vienen con lo puesto, acompañando al enfermo en la ambulancia. A esas personas se les da ropa, elementos para higienizarse, un lugar para descansar y lo necesario para que se preparen el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena.
-¿Desde cuándo empezaron a recibir a pacientes oncológicos y sus acompañantes?
-Estos últimos dos años, más de la mitad del refugio está ocupado por personas de bajos recursos que vienen por tratamientos oncológicos desde el Interior, sobre todo de los parajes. El paciente oncológico debe tener un acompañante sí o sí, por la asistencia que necesita y, además, porque es una enfermedad bastante complicada. Tenemos mucha gente del Interior.
 Para quienes no tienen cobertura social, hace aproximadamente un año está la fundación oncológica, que también nos da una mano para conseguirles la medicación y los turnos. Acá también el área protegida por el servicio de EME, que a veces viene tres o cuatro veces al día por las necesidades de los pacientes oncológicos.
También tenemos seguridad, con guardia policial. El último año que estuvo como Jefe de la Policía el comisario (Eduardo) Acosta conseguimos eso y ahora continúa con el comisario (Félix) Barboza, que incluso el otro día vino con algunos agentes e hicieron un locro para todo el comedor y la gente del refugio. La guardia las 24 horas es porque todo el tiempo entra y sale gente por el comedor y el refugio. También la comunidad del barrio sabe que ante cualquier necesidad pueden acudir y los policías están pendientes de todo y colaboran con la asistencia de las personas que están acá.
-¿Fue espontánea la llegada de pacientes del hospital?
-Se fue dando naturalmente, porque no tenían dónde parar. Cuando visitaba el hospital para ver algún enfermo o darle la Extremaunción, veía gente durmiendo en el suelo o en los bancos, lo que los transforma en gente en situación de calle. Para ellos ésta es como su segunda casa y, también, para uno ellos pasan a ser parte de la familia.
-Desde su rol de sacerdote, ¿Cómo es compartir los días con gente que padece una enfermedad como el cáncer?
- Desde la parte espiritual, cuesta mucho ingresar, porque la primera reacción ante una enfermedad es enojo. Aunque no lo dicen, en silencio muchos se enojan con Dios y es normal, a todos les pasa, no hay que escandalizarse por eso. Progresivamente, después se van incorporando, pero esto va más allá de la religión. Acá se ha alojado a personas de otras confesiones, porque primero está la persona y la caridad. Esto cuesta porque a veces uno necesita medios materiales para asistir a la gente y no es fácil tenerlos, debido a que somos una parroquia periférica, que está fuera del Centro. La idiosincrasia de Corrientes hace que toda la vida transcurra dentro de las cuatro avenidas y pasando ese límite es como que uno cae en un barranco.
La verdad es que la gente más humilde es la que más ayuda, pero a veces no contamos con recursos y tenemos que pedir y buscar. Uno se siente limitado, sobre todo cuando hay necesidades de medicación, por ejemplo, o piden pañales para recién nacidos y no hay. También hay que cocinar de lunes a viernes para 200 familias, desayuno, almuerzo y merienda. Los sábados y domingos hay que darle de comer a la gente del refugio. También se les da, cuando hay, elementos de higiene personal y jabón para que laven sus ropas y la ropa de cama.
Todo eso se administra, pero a veces las cosas se rompen, porque si un lavarropas está hecho para que dure cinco años porque lo ocupan cinco personas, acá el promedio de personas alojadas por mes es de 160 o 170. El máximo por día que tenemos es de 50 personas y a veces estamos al tope. Hubo cuatro o cinco casos de este año, del sector neonatal, que no pudimos recibir porque no teníamos camas.
-¿Desde cuándo la capilla brinda asistencia sanitaria a los vecinos del barrio?
-Eso surgió hace poco, a través de la asociación Me Regalas Una Hora. Ahora está la doctora Diana Lancelle, ella va consiguiendo profesionales que brindan unas horas de su tiempo y la verdad que de a poco va teniendo resultados. Es atención primaria, pero los profesionales les dicen a los pacientes dónde tienen que hacerse los estudios y les consiguen el turno; hay un seguimiento. Hay una pediatra, una médica clínica neumonóloga, una ginecología, vamos a tener una otorrinolaringóloga y creo que tendremos una espacio de asesoría legal con unos abogados que van a prestar sus servicios, por lo menos para orientar a la gente.
-¿Cómo está la demanda del comedor en el último tiempo?
-En el comedor se prioriza a los niños y a los adultos mayores. No sé si hay más demanda, porque uno tiene que aprender a conocer el lugar donde está y la viveza criolla. A veces a uno le duele mucho porque, en definitiva, muchos están pendientes de que todo se les dé y no ponen nada de ellos, porque cuando uno les pide que colaboren, aunque sea para cortar la cebolla, nadie puede. Todo lo que implique esfuerzo, sacrificio, involucrarse, no pueden. Creo que fue una época en la que la gente se mal acostumbró. Estamos ante una tanda de generaciones que, uno que está en el barrio, ve que vivieron de joda y ahora se ve que la joda terminó, pero se está esperando que vuelva la joda.
Es preocupante ver la cuestión alimentaria de los chicos. Uno entiende que si no están bien alimentados es un futuro embargado que no va a servir para el progreso y que no se recupera.
De igual manera, creo que de hambre nadie se muere acá y con esto no estoy faltando el respeto a gente que uno sabe la situación que pasa, viviendo en lugares postergados, como el Impenetrable. Acá hay gente que si cae una llovizna a las cinco de la mañana no viene a buscar el desayuno y uno sabe quiénes son los que tienen hambre de verdad, porque por más que diluvie vienen a buscar la comida.
-¿Cómo pueden colaborar con el refugio y el comedor?
-La gente puede acercar alimentos no perecederos, elementos de limpieza, de higiene personal y pañales para los recién nacidos. También quiero agradecer a las personas que silenciosamente nos ayudan, por ejemplo Panimar nos da el pan para el desayuno y Tía Doris siempre nos dona facturas para el refugio.

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