OPINIÓN

Cuando la racionalidad depara sorpresas agradables

Racionalidad política y competitividad electoral son conceptos que generalmente (en nuestro país) no se llevan bien entre sí. Los argentinos somos seres fundamentalmente emocionales con episodios de racionalidad que constituyen la excepción. Fundamentalmente, en la actividad pública. Por ello, advertir la irrupción (en una propuesta política con posibilidades) de una persona que, en tiempos de tantas urgencias, tenga claro que no queda margen para transitar el camino de la irresponsabilidad y de la promesa fácil como forma de construir las bases de un país que termine con el cruel ciclo de gobiernos que fracasan uno tras otro genera una confortable sensación de esperanza aún en los más escépticos.
Y lo que más entusiasma es justamente la posibilidad de transformar un eterno círculo vicioso en un promisorio círculo virtuoso. Si hay algo con lo que los agentes económicos se sentían decepcionados en relación al Gobierno nacional era la falta de cintura política y de articuladores de entendimientos con los otros sectores que padece el Presidente de la Nación para poder instrumentar las reformas (que a esta altura nadie discute como necesarias) que permitan el crecimiento del sector privado sin desatender la presencia del Estado en temas en los que actualmente no puede ausentarse. Pero que las reformas se hagan sí o sí. Y se termine con la cultura del pobrismo como herramienta para mantener una clientela electoral cautiva.
Esto, de ninguna manera significa abogar para dejar el camino despejado a las formas más impiadosas de acumulación de riqueza. Todo lo contrario. Si hay algo que la historia argentina nos mostró es que en el devenir de la oscilación pendular entre modelos que se acusan entre sí de populistas o neoliberales, el argentino medio perdió. Las propuestas que se generaron fueron (en el mejor de los casos) pan para hoy y hambre para mañana.
Miguel Pichetto (inmediatamente de ser proclamado integrante de la fórmula presidencial con Macri) ha dejado muy claro que tiene los pies sobre la tierra. Lejos de llenarse de soberbia y querer generar ánimo triunfalista, transmitió la necesidad de generar políticas de Estado que nos saquen (de una buena vez) de esta larga agonía que venimos padeciendo los argentinos. Y, fundamentalmente, que ante cada recambio presidencial no se lo ponga al país en estado de parálisis y conmoción. Dicho en otras palabras, que de la historia de los eternos fracasos pasemos al ciclo de grandes entendimientos entre todos los sectores.
No creo que haya otro modo de empezar a construir una sociedad más justa e inclusiva.
Ojalá esta vez se nos dé.
Antonio Pablo Giuliani. Contador.
DNI Nº 14.261.520
 

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