SIEMPRE PRESENTES EN LA MEMORIA Y EN EL SENTIMIENTO DE LOS ARGENTINOS

Malvinas: gloria y honor a los caídos

En lo que a política internacional se refiere, los términos de nuestro accionar son claros y precisos. Sostenemos, desde el instante mismo del nacimiento del Justicialismo, estos principios y objetivos básicos en materia internacional: 1º) la defensa integral de la soberanía nacional en todo nuestro territorio y especialmente sobre la Antárdida Argentina, las Malvinas y sus islas dependientes. 2º) El ejercicio pleno de la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política, como bases para asegurar a cada pueblo del mundo su propia felicidad, mediante la realización de la propia justicia y la propia libertad. 3º) La Tercera Posición, como solución universal distinta… del demoliberalismo capitalista, que conducirá a la anulación de todo dominio imperialista en el mundo". JD Perón (Mensaje enviado a la 4° Conferencia Cumbre de Países No Alineados que sesionó en Argelia el 7 de septiembre de 1973).

 
Hace 37 años, un 2 de abril de 1982, la dictadura cívico militar liderada por el general Leopoldo Fortunato Galtieri, por el almirante Jorge Anayay por el brigadier Basilio Lami Dozo, anunciaban públicamente a los argentinos que las Fuerzas Armadas habían tomado la decisión política de ocupar militarmente las islas Malvinas, haciendo honor a un sentimiento nacional enraizado por años en el pueblo argentino, recuperando para la soberanía nacional el territorio patrio que había sido usurpado mediante el uso de la fuerza por el imperio inglés hacia el año 1883.
Un sentimiento encontrado nos embargó a los argentinos en aquellos años. Por un lado la euforia patriótica, y por el otro, el temor de que un eventual triunfo militar sirviera para legitimar en algo el deteriorado poder político de una camarilla militar que, durante años habían oficiado de "fuerza de ocupación" al servicio del imperialismo, y que se debatía en el aislamiento internacional y en el fuerte rechazo de millones de argentinos, asqueado por años de represión, injusticia social y por una política de resignación neocolonial vergonzante.
Sin duda, el resultado no podía ser otro que el que se produjo el 14 de junio de 1982: por un lado, la derrota militar de las Fuerzas Armadas Argentinas y la sangre derramada de más de 650 compatriotas y miles de mutilados de por vida, y por el otro, la consolidación político-militar de Gran Bretaña que, a partir de su triunfo militar en alianza con Estados Unidos, hizo de Malvinas una base de la Otan, nuclearizando militarmente el Atlántico Sur. Se cumplía así aquella histórica sentencia de George Clemenceau, que naturalmente reconoce múltiples y honrosas excepciones: "la inteligencia militar es a la inteligencia, lo que la música militar es a la música".
Aquella Junta Militar, que había derrocado a un gobierno constitucional, sembrado la muerte y el terror aplicando la "doctrina de la Seguridad Nacional" y el "Plan Cóndor" y que, 48 horas antes del 2 de abril había reprimido brutalmente a la histórica movilización de la CGT del 28 de marzo liderada por Saúl Ubaldini, en modo alguno estaba dotada de atributos (ni políticos ni militares), para adoptar una decisión de tanta trascendencia nacional e internacional. 
Si la guerra es la continuación de la política por otros medios -tal como lo sostenían Karl Von Clausewitz y Colmar Von Der Goltz-, el mayor error político que cometió aquella Junta Militar, fue la de confundir a los enemigos históricos de la Patria con los aliados estratégicos en la lucha contra el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo. Como era de prever, Estados Unidos -aliado estratégico de Gran Bretaña en la Otan-, sería incondicional del usurpador a la hora de la definición político-militar. 
Inmediatamente de producido el desembarco de las tropas argentinas en Malvinas, Estados Unidos logró la Resolución N° 202 en el Consejo de Seguridad de la ONU, resolución que obligaba a las Fuerzas Armadas a retirar sus tropas de Malvinas y a continuar las infructuosas negociaciones bilaterales en el marco de la Resolución Nº 2.065 de la Asamblea General de la  ONU. Luego, vendría la traición de Estados Unidos al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar), no obstante el compromiso asumido de asistir militarmente a nuestra Patria si era agredida militarmente por una potencia extracontinental y no obstante que, el Peronismo, había incorporado en la Conferencia de Río de 1948 a las islas Malvinas, Sandwich y Georgias del Sur dentro de los límites geográficos del Tratado, y por fin, la asistencia militar, sin la cual, la batalla del Atlántico Sur hubiera tenido otro fin, difícil de vaticinar si tenemos presente que, en aquellos días nuestra Patria tenía unas Fuerzas Armadas propias de un país semicolonial y que, frente a sí, se encontraba Inglaterra, Estados Unidos y la coalisión militar de la Otan, pertrechada militarmente para enfrentar a las fuerzas militares del Pacto de Varsovia (países del bloque Socialista) en el marco de la confrontación Este-Oeste liderada por Estados Unidos y la Urss.
Treinta y ocho años antes del 2 de abril de 1982 y en oportunidad de inaugurar la Cátedra de Defensa Nacional en la Universidad Nacional de la Plata, el general Perón advertía que la guerra jamás puede ser el resultado de la improvisación, y desarrollando la doctrina prusiana de "la Nación en armas" de Von Clausewitz sostenía que, el éxito de la guerra está indisolublemente ligada al desarrollo tecnológico industrial y en particular al de la industria siderúrgica, de la cual depende la producción del material bélico propio. Esto lo reiteraría hacia el año 1974, en su obra póstuma el "Modelo Argentino para el Proyecto Nacional".
Ahora bien, el 14 de junio de 1982 al producirse la humillante rendición de Puerto Argentino, nuestra Patria estaba bloqueada económica y militarmente por sus tradicionales proveedores de armas y por ende, sus Fuerzas Armadas condenadas -tal como ocurrió-, a la rendición incondicional. Por otra parte, la opción de aquella dictadura cívico militar de marzo de 1976 (de la cual fueron continuadores Galtieri, Anaya y Lami Dozo) fue la ortodoxia liberal-monetarista de Martínez de Hoz y de sus socios de la Sociedad Rural y de la Unión Industrial, esto es, una Argentina primarizada, desindustrializada y funcional al capital financiero internacional.
La experiencia de la batalla del Atlántico Sur del 2 de abril al 14 de junio de 1982 demostraría que las islas, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, no constituyen un enclave territorial que importa por el petróleo que subyace en sus aguas adyacentes o por su riqueza ictícola, sino por su valor geoestratégico, en tanto Malvinas es -tal como lo sostenía el general Mercado Jarrin-, la llave de la puerta de entrada del tránsito bioceánico (Atlántico-Pacífico), por donde se desplazarán los buques petroleros que alimentan a la economía europea de producirse un conflicto internacional que impida el tránsito por el Canal de Panamá y otras vías marítimas. A ello se suma el hecho que, Malvinas constituye una base territorial de fundamental importancia a la hora de definir la soberanía sobre el Sector Antártico, el que alberga la mayor reserva de agua dulce para la humanidad del futuro.
Trascurrido 54 años desde la aprobación de la Resolución Nº 2.065 por la Asamblea General de la ONU, la que establece -con carácter no vinculante- que, la cuestión de la soberanía sobre Malvinas (considerado por la ONU enclave colonial) debe ser resuelta por Inglaterra y Argentina a través de un acuerdo bilateral y contemplando el interés (no la voluntad) de los kelpers (población trasplantada por Inglaterra a las islas Malvinas), Gran Bretaña ha logrado -con el apoyo de Estados Unidos- consolidar su dominio territorial, político y militar sobre territorio patrio, ignorando -como ha sido su tradición política- lo resuelto por la comunidad internacional.
Con el triunfo de Mauricio Macri y sus socios de Cambiemos, hemos retornado a las políticas de las "relaciones carnales" con Estados Unidos y sus socios europeos de la OTtan (los que consideran a Malvinas, con el nombre de Falkland, parte del territorio insular de la Unión Europea), a lo cual se suma el avance neocolonial y el cipayismo político de la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos que, como elefantes en un bazar, han demolido los acuerdos regionales como la Unasur y la Celac, bastiones desde los cuales nuestra Patria recibió el apoyo solidario de los pueblos de la América Latina y del Caribe.
Al cumplirse el trigésimo séptimo aniversario del desembarco de nuestras Fuerzas Armadas en Malvinas, nuestro sentido homenaje al patriotismo de los que sobrevivieron y a los oficiales, suboficiales y soldados que, con el caro tributo de sus vidas, supieron salvar el honor de la Nación, mancillado por un imperio que ha sido, es y será por siempre el usurpador colonial de nuestras Malvinas. ¡Tarde o temprano: VOLVEREMOS!!!
 
 
            Corrientes, 2 de abril de 2019
        Miembros del Centro de Estudios 
               de Investigaciones Históricas 
                     "Juan Domingo Perón".
 
Ramón A Salazar Peleato, Norberto S Soto, Héctor O Castillo, Juan M Roldán, Carlos A Cassarino, Germán Wiens, Ramón A Gómez, Daniel A Bordón, Gerardo A Marturet.

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