Por Germán Wiens

El emperador está desnudo

El título que encabeza este artículo, se referencia en un cuento, denominado El Traje del Emperador, de Hans Cristian Andersen, que tiene como moraleja lo negativo que puede ser la soberbia y la arrogancia a través de un personaje, el del emperador, que precisamente encarna ambos adjetivos. La historia nos enseña que creyendo que somos mejores que los demás, sólo podemos acabar demostrando que somos mucho más necios que el resto.

Si intentas una y otra vez hacer una cosa, de la misma manera y sin resultados, si crees en poder realizar actividades para la que no estás capacitado, si insistes en recetas que te hacen daño y hacen daño a los demás, si por tus fracasos echas la culpa a otros, si no eres capas de la autocrítica, si tienes la desfachatez de mentir sin vergüenza alguna, si… si… Estás realmente enfermo, padeces un tipo de anomia, definiendo como tal aquella conducta, que se caracteriza principalmente por transformar la visión real de sí mismo, por una visión errónea.
Cuando padeces de estos síntomas o manifestaciones y a la vez ejerces el poder, las consecuencias pueden ser tremendas, inimaginables, porque las afectaciones personales que padeces, afectan aquellos que están sometidos a tu poder. 
El poder trastorna cuando lo utilizas como medio para alimentar solamente tus deseos, cuando el otro no existe, o al menos no te importa, aunque tu narcisismo, ese que te hace creer que eres el centro del mundo, te haga sentir lo contrario.
Si interpretas la realidad de una forma desequilibrada, no es extraño que actúes de una manera igualmente desequilibrada, fruto de una lógica muy débil que, obviamente, crea disfuncionalidades en los resultados. Esto ya es otro tipo de anomia, la política.
Si de todo lo que te sale mal culpas al que te antecedió, puede ser que en algún momento y por un tiempo muchos puedan creerte. Cuando trasladas la culpa de lo malo al que vendrá, seguramente ya serán muchos menos los que crean, o simulen hacerlo, en beneficio de intereses propios. Pero el día que decides echar la culpa a la incomprensión de tus poderdantes o gobernados, la alienación es de tal magnitud que solamente aquellos que también compartan "la enfermedad", el "privilegio" del poder, "beneficios" extraordinarios o estén contaminados por desprecios, fobias o rechazos, por no utilizar la palabra odio, solo ellos podrán creerte. 
Toda esta pobre y nada científica teorización, sólo tiene por objeto mostrar lo peligroso que pueden tornarse los próximos meses, sino aparecen actores que garanticen, desde el propio espacio gobernante, la cordura necesaria para evitar todo tipo de desequilibrio político institucional y un aún mayor descalabro financiero y económico. No puede pedirse a quienes ganaron las elecciones Primarias que cogobiernen en una especie de transición política, eso no es legalmente posible y es políticamente irrealizable. 
Si bien el Presidente "perdió" gran parte del poder real, aún ostenta el poder formal y en el ejercicio de ese poder puede hacer mucho daño. Por ello en necesario que las fuerzas afines, gobernadores amigos o socios políticos garanticen el proceso que nos llevará a la elección de octubre y si así lo decidieran las urnas, como todo parece indicar, una transición (entonces sí) desde la elección hasta el traspaso en diciembre.
La crisis azota en el contexto de un creciente vacío de autoridad y hace muy difícil que no termine en una hecatombe. El proyecto de país que se planteó desde el inicio de la gestión, ha colapsado, el país tiene una deuda que se acerca peligrosamente a 100 por ciento del PBI, una combinación fatal de fuerte recesión y alta inflación, y tasas de interés de referencia que ya superaron el 70 por ciento. La inflación hace estragos, especialmente en los sectores asalariados y qué decir de aquellos que ni siquiera tienen un trabajo formal o están directamente desocupados.
El "populismo" tardío, propuesto por el Gobierno con medidas que intentan inyectar un poco de solvencia algunos bolsillos, es de tal desorden que pueden causar el efecto contrario al deseado, esto es mayor inestabilidad. La supresión del IVA a la canasta básica, no es lo mismo que devolución del IVA a los sectores más castigados, para que se entienda no es lo mismo suprimir en la góndola, que devolver en la línea de cajas. Tampoco se puede mermar los ingresos a las provincias sin haber previsto cómo financiarlas.
 Y ahí volvemos al principio de la nota. Sin reconocer errores, fracasos ni las mentiras dichas y ejecutadas, pretendes atarte al poder hasta caprichosamente, con más engaño, esto es, aumentar el daño. El diálogo que ahora se apresura con los opositores, que no pueden negarse al mismo, suena hipócrita, tardío y con vocación exclusivamente electoralista. 
Se debe admitir que no es posible "cambiar" en dos meses lo destruido en tres años y medio. En última instancia "morir con las botas puestas", pero con las tuyas no con las de otro y que te queden grandes. Es imposible ejecutar "medidas" en las que no se cree, de las que no se sabe, que atentan contra tus intereses personales y a las que permanentemente denostaste.
Todo indicaría que se avecinan tiempos borrascosos en nuestra querida Argentina, que desembocarían irremediablemente en un único resultado, pareciera que "el peronismo vuelve como una fuerza incontenible", "pareciera invencible", aunque siempre existe el imponderable cuando el Poder en ejercicio, a punto de ahogarse se prende para tratar de salvarse y termina por ahogar al otro. Y ahí sí, nos ahogamos todos.
La oposición con un resultado ganador también debe hacer prevalecer la cordura, es correcto el diálogo, incluso hacer propuestas. Pretender cerrar la "grieta", sin olvidar que la gran grieta, la que generó millones de pobres, necesita algo más que palabras. Y no olvidar que, en el intento de domar al Gorila, nunca hay que abrazarlo.

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