Por Fernando Iglesias*

El camino al totalitarismo

Es imposible no hablar hoy de Venezuela. Casi tan difícil como decir algo que no haya sido dicho. Después de todo, el de un gobierno que se pretendió revolucionario y termina siendo una infame dictadura apoyada por un coro de imbéciles a los que lo único que les importa es seguir considerándose "de izquierda" es un espectáculo repetido. Lo vimos a lo largo de casi todo el siglo XX. Con la Urss, con China, con Cuba. Asistimos estupefactos al milagro al revés de inteligencias portentosas y hostiles a todo tipo de disciplinamiento -cuya cima ha sido Sartre- apoyando los crímenes más terribles en defensa de un dogma revelado. Los vimos caer, o subsistir en medio de la espantosa degradación material y moral de las sociedades sobre las que gobernaban, mientras quienes las defendían cerraban sus ojos a la evidencia e intentaban cerrar los nuestros invocando supuestos complots planetarios o en nombre de un misterioso sentido de la Historia. ¿Qué se puede agregar hoy a todo esto? ¿Qué decir que no haya sido dicho? ¿Cómo añadir una razón a lo que desborda ya de buenas razones?

 
Probemos con cinco pequeñas ideas que acaso puedan aportar algo:
1) Los totalitarismos, como los populismos de los que nacen, no son de derecha ni de izquierda, sino anteriores a la derecha y a la izquierda. Premodernos. La política existe desde que el ser humano es humano, y se las ha arreglado perfectamente bien sin la distinción derecha-izquierda hasta hace un par de siglos. En otras palabras, la tensión entre quienes prefieren cambios rápidos y profundos y quienes están en contra o los prefieren lentos y moderados solo cobra sentido a partir de 1793, cuando el antiguo régimen monárquico había sido reemplazado por un parlamento -la Asamblea Nacional Francesa- republicano. La Modernidad, digamos. Primero, un gobierno, en vez del caos; después, un gobierno democrático y republicano en lugar de la suma del poder en una sola persona; finalmente, la derecha y la izquierda puestas a disputarse el poder político democrático. No hay derecha ni izquierda antes de la Democracia y la República, ni experiencia histórica en el mundo que no haya seguido esta secuencia. Los populismos y los totalitarismos en los que frecuentemente derivan son anteriores al orden político moderno. Son el Antiguo Régimen encarnado. Son premodernos y antimodernos. Decir que son de derecha o de izquierda carece de sentido. Por eso sus políticas y sus crímenes se parecen tanto.
 
2) La probable caída de Maduro marca el fin de un ciclo global: el de las commodities y los Brics por las nubes. Atrapados por el nacionalismo metodológico que nos inculca la escuela como su dogma oculto desde la infancia subestimamos los factores globales y somos incapaces de alzar la vista e intentar comprender el espectáculo del mundo. Tendemos a buscar razones nacionales para procesos más amplios. Y bien, con pequeñas modulaciones nacionales, Latinoamérica cayó en los populismos redentoristas a inicios de los setenta; en las dictaduras, a mediados y fines de los setenta; y recuperó la democracia en los ochenta. Casi simultáneamente. Los tempranos noventa fueron los años del neoliberalismo. El final de siglo, el escenario de su implosión. Finalmente, la suba global de los precios de los commodities alentada por la entrada de China al mercado mundial fue la principal causa del auge de los Brics y, en Latinoamérica, de los populismos supuestamente "de izquierda". Sobre todo, en su costa atlántica. El Brasil del PT y la Argentina del kirchnerismo fueron sus principales vectores. La Venezuela de Chávez, su paradigma realizado. La baja de las commodities, desde 2011, marca el fin de una época en la cual la economía populista era sustentable; al menos, en el corto plazo. Cómo resolverá políticamente este desafío una región con baja tradición institucional y poblaciones deseducadas por décadas de asistencialismo es la gran cuestión de los próximos años. Y no está dicho que el arco opositor a la dictadura de Maduro tenga todas las respuestas.
 
3) En un mundo global, las polaridades políticas son globales. Por eso, los alineamientos alrededor de la cuestión venezolana muestran una grieta global entre las democracias republicanas y los regímenes autoritarios y dictatoriales. Estados Unidos, la Unión Europea y los principales países de Latinoamérica, de un lado. Del otro, Rusia, China, Irán y Turquía; y Bolivia y Nicaragua en la región. Hay poco que agregar, y pocas excepciones. Las de Uruguay y México, entre ellas, atrapados vergonzantemente en la deriva populista-totalitaria de cierta "izquierda" a la que el Muro de Berlín le cayó demasiado lejos. ¿Subsistirá esta divisoria de aguas a los próximos y enormes desafíos globales o será provisional y fugaz? ¿Moderará el giro nacionalista autoritario de dos de los mayores integrantes de la alianza republicana: el Brasil y los Estados Unidos? No se pierdan los próximos episodios…
 
4) La grieta abierta por el caso venezolano ha separado también, en Argentina, a los partidarios de la República y a los del autoritarismo proto-totalitario. El kirchnerismo se ha quedado solo. Tan solo, como quien tiene al trotskismo, a Viki Donda y a Pino Solanas como sus únicas compañías. Tan solo, como quien sale a campo abierto a defender lo indefendible y observa que su líder se esconde debajo de la cama. A propósito: ¿alguien sabe dónde se metió Cristina? ¿En Calafate, como cuando pasó lo de Cromañón y lo de Once? Podrá criticarse el oportunismo de los Massa, los Urtubey y los Pichetto, que ayer nomás cantaban loas al régimen chavista y hoy piden la renuncia de Maduro. Sin embargo, hay en ese panquequismo cierta luz de esperanza; acaso, la demostración de que el peronismo podrá ser corrupto y autoritario pero cae en el totalitarismo vero e proprio solo excepcionalmente. Quizás, también, la esperanza de que una vez librados de Cristina y su horda el peronismo aprenda a ocupar el lugar de una oposición republicana. Entre tanto, el intento de buenificar a la Jefa -del que Grabois y su "Cristina maduró" fue prematura vanguardia- ha quedado momentáneamente suspendido, con los niños Albertito y Felipito haciendo malabares para no tener que pronunciarse sobre Venezuela; escondidos con Cristina y Bergoglio en quién sabe qué ropero.
 
5) ¿Cómo están tan seguros algunos de que Argentina -el país donde se generaron las guerrillas y la dictadura más sanguinarias de la región y se perpetraron los delirios políticos más alucinantes y persistentes, como el peronismo o la guerra de Malvinas- nunca puede ser Venezuela? Persecución de la oposición y el periodismo independiente, nacionalización y apropiación de sectores económicos fundamentales, reducción de la parte más pobre de la población a la esclavitud subsidiada, aislamiento internacional, colonización de la Justicia, jibarización del Parlamento, desmantelamiento de la infraestructura, entrada del narco al país y al gobierno, alianza con los países más antidemocráticos del planeta, intentos de reelección indefinida. Todas y cada una de las estrategias que el chavismo logró imponer en Venezuela fue intentada por el kirchnerismo en Argentina. Si no tuvieron éxito no fue por falta de decisión política ni de maldad por parte de los Kirchner y sus cómplices sino porque una parte -minoritaria, al principio; mayoritaria, hoy- se opuso. Muchos, poniendo el cuerpo y aceptando tomar grandes riesgos. El programa básico chavista es, por otra parte, el programa anunciado por Cristina en Ferro para su próximo eventual gobierno. Subestimar la amenaza diciendo "Argentina nunca va a ser Venezuela" es trabajar para que lo sea.
 
Tampoco Venezuela iba a ser Venezuela, hasta que fue Venezuela. Como Rusia. Como Cuba. Como siempre. Como en todos lados. 
El camino al totalitarismo es una ruta: solo está a la vista el próximo kilómetro pero si se sigue avanzando se llega más lejos de lo que nadie hubiera creído posible en el momento de la partida. Y al líder totalitario, pocos los ven venir hasta que es tarde. Total, ¿quién va a sospechar de una simpática parejita patagónica, de un suboficial caribeño tan buen mozo, de un tipo que habla con los pájaros, de un imbécil que proclama su superioridad racial gritando entre borrachos en una cervecería de Munich, de ese amanuense de bigotes largos especializado en prepararle el samovar a Lenin?
 
                   * Publicado en Infobae.

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