www.diarioellibertador.com.ar - EDICION DIGITAL · CORRIENTES,JUEVES 21 DE AGOSTO DE 2008 - AÑO 4 EDICION N° 2025
  Secciones


NUESTROS ANTEPASADOS GUARANIES

A 190 años de la presencia de Andresito en tierra correntina

El 21 de agosto de 1818 Andrés Guacurarí y Artigas ingresaba a la ciudad de Corrientes, dejando su huella en la historia correntina. Desde entonces transcurrieron 190 años. En "Nuestros antepasados guaraníes" se recuerda como se vivieron esos días para las tropas de Andresito y para la sociedad local.


Hoy hace 190 años que el comandante general de las Misiones, Andrés Guacurarí y Artigas, comandante Andresito, venía a reponer en su cargo, por pedido de su padre adoptivo, José Gervasio Artigas, al derrocado Juan Bautista Méndez.
Vivió y fue su casa de Gobierno la casa antigua sita en el Club San Martín. Tiempo antes había llegado a Corrientes, el empleado de la familia Alvear, Elías Galván, para "trabajar" en la desestabilización del gobernador artiguista, Méndez.
Eran estos golpistas, personeros del centralismo porteño, aliados de portugueses, ingleses y del dictador Francia del Paraguay, aliados por ende del contrabando, que perjudicaba a las incipientes cuando no, míseras economías provincianas.
Poco después de la victoria de las Saladas (ver EL LIBERTADOR, edición del 13 de agosto 2008), Andresito se une a un contingente de Curuzú Cuatiá en el que se encontraba Pedro Campbell (irlandés) llamado "gaucho pelirrojo". El comandante Andresito se tomó todas las previsiones antes de su ingreso a Corrientes, mandó requisar las armas, envió una columna de soldados al mando de Siti a ocupar Esquina, mientras el puerto de Goya controlaba Campbell, evitando así quedar acorralado.
El 16 de agosto el gaucho pelirrojo con unos 100 guaraníes llegó a Corrientes para hacer los preparativos para recibir al hijastro de Artigas e hizo izar el pabellón Artiguista, dejado fuera de uso por Vedoya.
El viernes 21 de agosto de 1818 el comandante general de las Misiones Andrés Guacurarí y Artigas realizó su ingreso a Corrientes (Capital), a una legua de distancia desmontó y entró a la Ciudad respetuosamente a pie desarmado en medio de sus tropas engalanadas con banderas tricolor artiguista. Le precedía un escuadrón de caballería, con algunos cañones que Vedoya abandonó en la Batalla de las Saladas, luego lo seguían varios de sus comandantes, su tropa de infantería y cerrando el desfile un grupo de niños guaraníes recientemente liberados de la servidumbre a la que estaban sometidos.
Fue un ingreso correcto y sin ninguno de los excesos que se temían. Fue un espectáculo pintoresco y colorido, pero profundamente humillante para la orgullosa ciudad, que siempre había visto a los "indios" como servidores; ingresando ahora como autoridades, muchos vecinos asistieron a la llegada, obligados por los soldados del irlandés.
Este primer relato corresponde al más actualizado libro de los historiadores, Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero -edición 2006-, sobre Andresito en Corrientes.
Mantilla describe ese momento tomando las palabras de Pampín diciendo: "Retomado la narración de última generación, nos enteramos que Andrés Artigas fue recibido por los funcionarios del Cabildo, tras lo cual descansó en la Capilla de la Cruz de los Milagros, y luego en un clima festivo, con música, salvas y repiques de campanas, se dirigió a la Iglesia Matriz, donde asistió a un Te Deum oficiado por fray Tomás Félix Hernández acompañado de un coro de indígenas, con participación de autoridades civiles y religiosas.
Finalizado el acto dio una vuelta a la plaza simbolizando la toma de posesión de la Ciudad. Sus tropas fueron alojadas en las casas de familias que habían huido, alojándose Andresito, irónicamente, en la casa de Manuel Vedoya, padre del prófugo ex gobernador que derrocó al artiguista Juan Bautista Méndez.
Los niños indios que estaban destinados al servicio doméstico fueron liberados. Ni bien llegaron, los soldados guaraníes secuestraron de las casas de las ricas familias locales un grupo de niños blancos, hijos de los patrones, cuyo número era igual al de los guaraníes esclavizados. Todos los vecinos temieron por la suerte que podrían correr en manos de los indios salvajes.
Al cabo de una semana, Andresito convocó a las desesperadas madres y tras devolverles a sus hijos sin ningún rasguño, les dijo que esperaba que la experiencia les sirviera de lección y que "recuerden en adelante que las madres indias también tiene corazón".
Andrés Guacurarí y Artigas páginas 153-157. Edición 2006 de Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Canteros.
Síntesis y Difusión: José Arnaldo Gómez.

BUENOS AIRES
 

Instituto de Cardiología Corrientes